UNILUSIÓN

Ilusión por la Universidad

28

Mar

2014

Jugar con las convocatorias: nuevo error de Gotor

Del Rectorado de la Universidad sale, para el Consejo Social, la propuesta de eliminar la contabilización de las convocatorias de exámenes a las que, un alumno, no se haya presentando. De esta forma las seis convocatorias, que nunca eran tres años, pues ya usaba el alumno la matrícula de la asignatura en cuestión para programar la misma, se pueden alargar de forma eternizante. Hasta seis años bajo el supuesto de utilizar una convocatoria por curso, más si el alumno juega con la matricula de la asignatura en cuestión. Una norma que, tomada en el año 2011, nos regresa al pasado… ¡Volvemos a las andadas!

Dice el Rector Gotor que la propuesta nace de una demanda de los alumnos, porque éstos acaban solicitando convocatorias de gracia (si existen no es raro que las pidan, por otro parte). Argumenta por su parte el Vicerrector que es una medida necesaria dado que hasta 70 alumnos han tenido que irse a otra Universidad para acabar su carrera. Señoras y señores: nada menos que 70 sobre 24.500, ¡uff!, un problema del 0,28% de los estudiantes. ¡Menudo problema¡ Hay también otras demandas de los estudiantes muy activas, quizás urgentes, y desde luego infinitamente más importantes como las matrículas, las becas, la calefacción o el cierre de una biblioteca, y poco caso se les hace. Que el Rector piense o no que está “sedando” la creciente inquietud de los alumnos con esta medida es algo que nunca sabremos a ciencia cierta, o también que el Rector haya pensado que esta fórmula puede originar más gastos de matrículas para los alumnos, que deberán abonar más años, y también más ingresos para la Universidad. Porque la pregunta es: si un alumno al matricularse paga por dos convocatorias y solo usa una, por ejemplo, ¿se le devuelve parte del dinero de la matrícula, más dinero si no se presenta a ninguna, lo pierde todo aunque no se presente, o cómo es esto? No me contesten, ¡me lo imagino Sr. Gotor!

Más piedras contra nuestro propio tejado. Si los estudiantes pueden planificar estar mas años en la Universidad significará mas cantidad de estudiantes, y no precisamente de los mejores. Más facilidades de aprobar implicará más graduados, ademas de menor calidad, lo que redundará en una creciente devaluación en las titulaciones. Ya algunos sufrimos ante frases que se están popularizando como esa que dice que “el que vale, vale y el que no, pa’ ADE”, y que inexorablemente se extenderán a más y más centros. El deterioro sera más rápido y mas agresivo en las carreras técnicas y sociales. Justo las mismas que ya están masificadas y que serán literalmente arrasadas de la competitividad y de la empleabilidad universitaria. Los alumnos con nivel formativo alto aterrarán de tan fáciles titulaciones, y los estudiantes con capacidad económica huirán buscando universidades que ofrezcan prestigio y garantía. Un error, un gran error a sumar a la ya larguísima lista de destrozos que en estos últimos años se están produciendo en nuestra vieja Universidad. El camino irrefutable que nos convertirá en una pequeña universidad provinciana, productora de títulos de papel mojado y de parados o empleados de bajo nivel.

Es habitual ver al Rector de esta Universidad rodearse de logotipos de Excelencia, de hablar de los logros del Campus de Excelencia, y más y más excelencia que le acompaña allá donde va. Sin embargo, paradojicamente es enemigo acérrimo de la misma. Si excelencia significa “de superior calidad” (DRAE), tendría que trabajar primero por la calidad universitaria y conseguida ser capaz de situarla por delante de todas las demás. No es el caso cuando se alargan y eternizan las estancias de los alumnos. No hay selección, y la calidad es inexcusable consecuencia de la selección. No hay selección previa, pues muchos jóvenes estudiantes ya denigran determinadas carreras y no quieren acceder a nuestra Universidad (siempre quedara la limitación de recursos económicos de las familias). No hay selección en las pruebas de acceso a la Universidad, con ratios de aprobados que las desvirtúan como tales. No hay selección, salvo contadas excepciones, con los números clausus, con entradas de cientos de estudiantes año a año. Y ahora tampoco habrá selección durante la carrera universitaria. ¿Qué nos queda entonces de selección? Reitero: sin selección hay cantidad, no calidad, y sin calidad es imposible hablar de excelencia.

Pobre Universidad de Oviedo, pobres jóvenes universitarios, pobre Asturias.

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Sobre el Autor

Francisco Javier de la Ballina Ballina

Profesor de la Universidad de Oviedo desde septiembre del año 1989. Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Oviedo (1993). Desde el año 1994 es Profesor Titular de Comercialización e Investigación de Mercados. Ha sido Director General de Comercio y Turismo del Gobierno del Principado de Asturias y tiene experiencia profesional como Director General de la Cámara Oficial de Industria, Comercio y Navegación de Gijón.