UNILUSIÓN

Ilusión por la Universidad

17

Mar

2014

Si no hay calidad, ¿¡cómo va a haber excelencia!?

Estos ultimos dias hemos oido en la Universidad pronunciar la palabra “endurecer”, tanto por profesores como alumnos en Magisterio. En la base de la propuesta se encuentran argumentos como “prestigiar” la titulacion de maestro, o de mejorar la “calidad” de la formacion practica. En realidad razones inversas, digo esto porque es impensable que nuestros alumnos no reciban la formacion necesaria y que, encima, su profesion este minusvalorada. Y si ello fuera cierto, que seamos realistas lo es en Magisterio y en otras muchos Facultades, seria porque hemos hecho y seguimos haciendo muy mal las cosas en Uniovi.
Esta Universidad que se llena de logotipos, paneles y ruedas de prensa de Excelencia Internacional, poco lo debe ser, si es que lo es, cuando estas cuestiones de calidad y de prestigio aun se ponen encima de la mesa.
No es esta propuesta de Magisterio ajena a las actuales Juntas de Facultad para debatir y proponer Numerus Clausus. Ciertamente subyace una cuestion comun: un alto numero de alumnos plantea problemas de calidad universitaria, y esta, a su vez, de desprestigio profesional de sus graduados.
Esta relacion de causalidad ni siquiera es evitable en tiempos de bonanza economica. Aunque la construccion de aularios, laboratorios y aulas de informatica, o la contratacion de nuevos profesores se crea que evita tal relacion, ello no es asi!: la calidad autentica dependera de profesores bien formados, de buenos investigadores, de equipos de trabajo y gestion que no se generan automaticamente, sino que precisan de años y años de teson universitario. Y claro esta que instalaciones impecables sin personal eficiente poco o nada aportan a la calidad universitaria.
Sin embargo la causalidad si se multiplica en tiempos economicos negativos. Es facil de entender que menos profesores, menos investigacion, menos ordenadores o mas viejos, menos programas informaticos actuales, o grupos mas grandes, profesores con muchas horas de docencia y menos de preparacion de sus clases, o cierre de bibliotecas, desuso de edificios, apagon de luces… para los mismos alumnos es una autopista hacia la denigracion de la enseñanza universitaria, y por ende hacia el hundimiento de su calidad.
Claro que inmediatamente despues viene el desprestigio profesional. El llenar un mercado ya de por si muy escaso de cientos de graduados carentes de capacidad real y competitiva, que acabaran desempeñando trabajos infravalorados, y tras eso la degradacion imediata de sus profesiones.
Invertir cuatro o cinco años del tiempo y del esfuerzo de un joven, del dinero de sus padres y del publico para trabajar en una gran superficie es como pagar 1000€ por un perrito caliente. Una atrocidad social, economica y personal.
Los estudiantes y los profesores de Magisterio tienen razon, y los de Derecho, los ADE, los de Economia, de Comercio, pero tambien los de Ingenieria, los de Psicologia, Filologia, y mas y mas.
A ellos y a nosotros no se nos puede hablar de Excelencia, es insultante cuando no hay el minimo ratio de calidad, sino todo lo contrario.
Los profesores de la Universidad de Oviedo son mas que capaces de cambiar este rumbo. Pero ello exige de medidas urgentes y valientes en los dos sentidos de la ecuacion: mas recursos y mejor asignados, menos alumnos y mejor seleccionados. Y desde luego poca de esa valentia cabe esperar del equipo rectoral y del gobierno regional actual.
Bien que lo siento, porque para mi los alumnos son tan importantes…. ver su exito es ver el nuestro!.

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Sobre el Autor

Francisco Javier de la Ballina Ballina

Profesor de la Universidad de Oviedo desde septiembre del año 1989. Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Oviedo (1993). Desde el año 1994 es Profesor Titular de Comercialización e Investigación de Mercados. Ha sido Director General de Comercio y Turismo del Gobierno del Principado de Asturias y tiene experiencia profesional como Director General de la Cámara Oficial de Industria, Comercio y Navegación de Gijón.