16

May

2014

Exámenes a la Boloñesa

Los exámenes de mayo llegan a la Universidad de Oviedo. Ya no hay alumnos por los pasillos ni por las aulas, ni siquiera por las salas de estudio, increíble que ni por la cafetería. Alguno más se ve en la fotocopiadora. Eso sí, de repente aparecen muchos, tensos, nerviosos, esperando a las puertas de un par de aulas. Entran, salen y desaparecen de repente.

Sí, claro, es lo de siempre. Es lo habitual desde hace muchos años en la Universidad. Los alumnos se encierran, literalmente, a estudiar todo el temario de todas las asignaturas en apenas unas semanas. Como se dice habitualmente: tienen todo, los apuntes y las fotocopias… ¡menos tiempo! Este es el sistema universitario español de toda la vida, ¡pero no lo debería ser! El denominado Espacio Común Europeo de Enseñanza (vamos, el Plan Bolonia) debería suponer un cambio radical en la forma de ser y de trabajar de nuestros estudiantes, y claro, de los profesores. De tal manera que los estudiantes deberían llegar al final de sus asignaturas con mucha nota y con mucho estudiado.

Si no ha sido así y estamos como estábamos algo falla o en algo fallamos pero, ¿en qué? Repasemos:

1- Una parte importante de la nota final del alumno (un miínimo de un 40%) se obtiene mediante un sistema de evaluación continua. ¡Perdón! ¡un sistema no! ¡cientos de sistemas! Cada asignatura y cada profesor hace lo que le viene en gana: unos dan puntos simplemente por asistir a clase, otros hacen exámenes sorpresa, hay quien pide un trabajo final para la asignatura (¡hala! ¡mas cosas para el final!), otros piden un montón de trabajos sin saber ni cómo se hacen ni lo que se pide que se haga, también están los que se empeñan en querer trabajos de grupos, cosa que no es fácil dada la diversidad de grupos, de horarios, de asignaturas que tiene cada alumno. La cosa se complica mas cuando, además, hay clases prácticas y de informática. Por descontado que en cada grupo de la misma asignatura cabe que unos profesores valoren de forma distinta. El alumno se vuelve loco, y sobre todo veleta, esperando como le pegara el viento de cada profesor. Débil, desorganizado, desorientado… ¡Es la salsa boloñesa!

2- Luego están las Tutorías Grupales, horas de cada asignatura colocadas de forma casi aleatoria, capaz de perder al mejor Tom Tom. Aulas extrañas, horarios raros, ¡días cambiantes! ¿Y qué aportan al alumno? Pues lo mismo que al profesor… ¡ni se sabe! Hay TG’s que no se imparten, otras son voluntarias, en unas se hacen ejercicios, en otras trabajos, en muchas se espera a que los alumnos lleven preguntas (entonces, ¿para qué estarán las tutorías personales?). De nuevo el alumno loco y, de nuevo, veleta, a ver que sopla cada profesor y asignatura. ¡Más salsa!

3- Llegan los exámenes, y la evaluación continua se convierte en un enemigo. Si, si, lo puede ser. Cuando el alumno tiene una nota baja, esta se convierte en una maldición. Le perseguirá durante todo el curso, vaya a la convocatoria de enero, o de mayo o de junio, ahí estará la maldición que le impide al alumno superar la asignatura, pues siempre se corrige sobre seis puntos. Se dice, se comenta, que la norma oficial es mantener la nota de la evaluación continua, pero que oficiosamente cada profesor puede hacer lo que quiera. ¡Viva la libertad de cátedra! Unos harán una cosa, otros la otra, y algunos la media o la contraria. De nuevo el alumno loco y, de nuevo veleta, a ver qué clima calienta a cada profesor y asignatura. Bueno, como esto ya supone convocatorias, afecta a las matrículas de los alumnos, así que esto ya es… ¡Pasta Boloñesa!

4- Bolonia impide las asignaturas anuales. Bien, vale, todo sea por la flexibilidad del alumno.  Ello supone varias consecuencias problemáticas, empezando por dividirlas en noseque I y noseque II, pero sobre todo multiplicando las asignaturas de un alumno en cada cuatrimestre. Se puede llegar a tal punto que los alumnos deben resolver un sudoku para cuadrar las asignaturas que quieren elegir y que pueden, porque tienen que cuadrar unos horarios imposibles. No, ya no es cuestión de que se crucen asignaturas de distintos cursos, es que se cruzan asignaturas optativas entre si, que solo cabe resolver con la cuadratura del circulo. Como no podía ser de otra manera, la locura de asignaturas se traslada a los exámenes, y los estudiantes entran en un ciclón arrollador con exámenes por la mañana y por la tarde, los lunes y los martes y los miércoles… De nuevo el alumno loco, y a ver que suerte le cae en las fechas y horarios de los exámenes de sus asignaturas. Con esto ya cocinamos, perfectamente, ¡los exámenes a la boloñesa!

¡Y digo yo! ¿Tan difícil es sistematizar un procedimiento de trabajo y evaluación objetivo, contrastado y transparente para la evaluación continua? ¿Tan complicado es transformar las tutorías grupales en unas clases útiles y aprovechables para los alumnos? ¿Tan peliagudo es montar un sistema de evaluación continua extraordinaria para acompañar a los exámenes de segunda o de tercera convocatoria, según el caso? ¿Tan dificultuso es organizar sistemas de horarios ordenados y sincronizados para las asignaturas del mismo área y sus correspondientes exámenes?

Seguro que todo ello necesita un arduo trabajo, ¡pero no imposible!  Sólo es cuestión de ver los problemas, hablar con profesores y alumnos, y sentarse a pensar y trabajar. ¡Digo yo!

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Sobre el Autor

Francisco Javier de la Ballina Ballina

Profesor de la Universidad de Oviedo desde septiembre del año 1989. Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Oviedo (1993). Desde el año 1994 es Profesor Titular de Comercialización e Investigación de Mercados. Ha sido Director General de Comercio y Turismo del Gobierno del Principado de Asturias y tiene experiencia profesional como Director General de la Cámara Oficial de Industria, Comercio y Navegación de Gijón.