03

Nov

2014

¡Mediocre, tú!

Pues sí, tienes razón: soy un profesor mediocre. Incluso mucho más mediocre que la mayoría de mis colegas, por más que ellos también son mediocres.  En realidad, todos somos mediocres en esta Universidad española mediocre. Aunque ciertamente unos más mediocres que otros. ¡Siempre habrá clases entre los profesores mediocres. Oficialmente soy más mediocre que la mayoría. Y esa es la realidad. A mi edad aún no he llegado a catedrático. Ni siquiera puedo ser considerado un buen investigador, pues mis congresos y publicaciones internacionales o de investigación básica son mínimos. ¡No soy un “bata blanca”! (que viene a ser un pata negra en los ibéricos). Lamentablemente la mayor parte de mi vida profesional ha sido externa a la Universidad, trabajando fuera, ¡y claro!, tenía otras prioridades distintas a la investigación básica. Lo siento. Es más, ‘soy un reincidente!, y hago coincidir mis clases académicas con trabajos aplicados y con la participación en máster y cursos semiprofesionales. ¡Si es que soy un desastre! ¡Así jamás podré subir en la escala de los mediocres!

Formo parte de la panda de mediocres que nos hemos cargado varios siglos de reputación de la Universidad española. De la generación de profesores que hemos perseguido el espejismo de la Excelencia. No de la clase y del pedigrí de las centenarias universidades españolas y europeas, sino de la Excelencia a la americana. Esa de los rankings de Shangai que determinan que una Universidad es buena en función del número de premios Nobel, de las publicaciones de sus profesores en revistas de investigacion (en inglés y casi todas americanas, ¡qué casualidad!). Así que de repente, toda esta pandilla de mediocres nos pusimos manos a la obra, con el apoyo inestimable de los políticos que nos pagaban mas por ello, ¡a intentar subir en el ranking de las excelencias! Que nos olvidamos de lo mejor de la tradición universitaria española para centrarse solo en investigar. ¡Para ser unos “batas blancas”! La palabra “excelencia” corría por los claustros, pasillos y despachos tan rápido como se extendía la mediocridad en nuestra Universidad. Al final ni ranking de Shangai ni del The Times ni nada de nada. Ni para arriba ni para abajo, ¡sino todo lo contrario¡! Millones de euros gastados en las nóminas de nosotros, los profesores universitarios, para hacernos investigadores y deshacernos como profesores. Todos escribiendo artículos en inglés como locos a por el oro de California, pero dando la espalda a los alumnos y a la docencia. Yo no soy un “bata blanca”, lo sé, pero los que lo son no tienen tiempo para dar clase, aunque esto sea una Universidad.

¿Y al final qué? Pues eso, todos y todo mediocres. Salvo las contadas excepciones que confirman la regla (y también existían en la antigua y buena Universidad) ahora ni somos investigadores de prestigio ni docentes con ideas. Sino todo lo contrario, mediocres, ¡como soy yo! ¿Qué fue de aquella Universidad de Oviedo donde los profesores de Derecho eran abogados, los de Medicina médicos, los de Ingeniería ingenieros…? Ahora somos solo profesores, en exclusiva profesores, mejor dicho investigadores (sic). Casi todos han acabado sus carreras como estudiantes y se han convertido en doctores, y de ahí en profesores universitarios, ¡y nada más! Bueno sí, investigadores (sic). Y así, sin formación pedagógica, sin experiencia profesional, y lo que es peor, sin ganas, se ponen a dar clases, pero clases mediocres, tal como somos. Exigir un mínimo de tiempo de trabajo en empresas, laboratorios, administración, hospitales… para ser catedrático como se hace en Alemania y en el Reino Unido, ¡no va con nosotros los mediocres!; disponer de profesionales externos como apoyo para las clases prácticas no nos interesa a los mediocres, solo queremos plazas y plazas de profesores para que sean investigadores (sic) y hacer más grande el grupo interno; exigir recibir formacion práctica de forma continuada sobre métodos y tecnologías para la docencia no nos interesa a los mediocres; trabajar en equipos multidisciplinares para tutorizar y apoyar individual y grupalmente a los alumnos no es algo que nos planteemos los mediocres.

Soy un mediocre, pero me acepto porque me veo rodeado de mediocres… aunque a veces, solo algunas veces, añoro aquella vieja Universidad de Oviedo con profesores de reputación que a la vez eran personajes conocidos y reconocidos en las empresas y en la sociedad asturiana y española, que te quedabas con la boca abierta, absorto, en sus clases. Que siempre estaban accesibles en sus despachos y a los que gustaba ir a ver para oir, simplemente, la voz de la experiencia contarte cosas de verdad, animarte o verlos como objetivo profesional, a los que llamabamos “poppers”, maestros de los de verdad… tan lejos de nosotros los mediocres.

Como bien me decía un alumno en un tweet, hace unos dias: “NI TODO LO BUENO ES NUEVO, NI TODO LO NUEVO ES BUENO”. Así que, definitivamente, ¡soy un mediocre!

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Sobre el Autor

Francisco Javier de la Ballina Ballina

Profesor de la Universidad de Oviedo desde septiembre del año 1989. Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Oviedo (1993). Desde el año 1994 es Profesor Titular de Comercialización e Investigación de Mercados. Ha sido Director General de Comercio y Turismo del Gobierno del Principado de Asturias y tiene experiencia profesional como Director General de la Cámara Oficial de Industria, Comercio y Navegación de Gijón.

 


2 Comentarios

  • Maikel

    Siempre es una buena inversión de tiempo leer tus artículos. Gran aporte

    Un saludo

    • 3 noviembre, 2014, 18:12:17
  • Eduardo

    Una voz crítica desde dentro. Se agradece leerte.

    Un saludo!

    • 3 noviembre, 2014, 13:51:40

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