24

Nov

2014

Trabajo entregado = Missing total

Ya hemos comentado en este blog las distintas ocurrencias que tenemos los profesores para cumplir con la evaluación continua “a la boloñesa”. De hecho, un post se dedicó al “extraño” caso de los “trabajitos en grupitos”. Pues bien, sean en grupitos sean solitos, una de las más frecuentes tareas que pedimos a los alumnos son los trabajos escritos, sean del tipo que sean: minicasos, lecturas, artículos de prensa, etc. Eso sí, siempre en papel, ¡faltaría más! Estamos en el siglo de los smartphones, de las tablets, de las nubes y los campus virtuales… ¡pero tienen que ser en papel!, ¿por qué será? ¿la costumbre que es fuente del derecho? ¿la mayor facilidad para tirar del rotulador rojo del profesor? ¿o que tenemos acciones en la papelera de Navia?. Bueno, pues eso, varios trabajitos por asignatura y en papel.

Y profundizo en el concepto de asignatura, pues, cada profesor entrega, pide y exige por su cuenta, el formato y la fecha de entrega de cada trabajito, sin encomendarse ni a Dios, ni al Diablo ni al calendario. La consecuencia inmediata es que los alumnos, que “normalmente” se matriculan de varias asignaturas por semestre, chiflan, pero chiflan total y literalmente. No hay agenda, ni orden ni prioridades que lo puedan soportar, ¡solo alumnos al borde de un ataque de nervios! Aceptemos pues que, nosotros los profesores, no sabemos ser jefes, no sabemos coordinar ni priorizar como se hace en la vida profesional y empresarial real para que los trabajadores puedan planificar y gestionar sus tareas con autoexigencia y calidad. Estamos mucho más cerca de una organización esclavista con nuestros estudiantes que de otra cosa. Pero, pero, pero… lo peor de la “historia’ de los trabajitos es su triste final: una vez entregados al profesor, en formato y plazo, caen en el mayor de los olvidos, se mueren sin oportunidad para velarlos ni enterrarlos. Nunca más sabrá el alumno, o grupo de alumnos, de su trabajito. Esta desaparecido, missing, se fue se fue… y la vida con él se me fue…. Solo un día, cualquiera, sabremos de él por una nota, por la calificación obtenida con el trabajito, sólo eso, que será como su ultima esquela. Hasta aquí hemos llegado, trabajito, hasta desaparecer y reencarnarte en un mero numerito. “¿Qué ha pasado con el trabajito?”- se preguntará el alumno. “¿Qué le habrá hecho el malvado profesor que no me lo devuelve?”- se dirá el estudiante. ¡Pues vete a saber! A ver, posibilidades hay varias, y todas igualmente posibles, por orden: que se hayan ido directamente a los cubos de reciclaje que hay en los pasillos de la Uni o que hayan llegado al despacho del profesor; que se vayan a la papelera del despacho o se queden encima de la mesa del profesor; que el profesor los corrija ahora o dentro de tres meses, justo cuando los exámenes finales; que se revisen por lo alto, a ojo de buen cubero, o que se lean detalladamente…. Seguro, apuesto, a que tenemos de todos los casos.

La cuestion es: si los trabajos forman parte de la docencia de una asignatura, de un elemento tan importante como la práctica, si los trabajos forman parte del aprendizaje del alumno, para comprender y aplicar conceptos, si los trabajos tienen un peso tan relevante en la nota final de los estudiantes, ¿por qué no se corrigen a tiempo, a conciencia y se devuelven al alumno? ¿por qué desaparecen cuando deben indicar al alumno qué aspectos ha trabajado bien y cuáles peor, en qué lleva bien orientado el aprendizaje y qué debe corregir y mejora? ¿acaso no son los trabajos un material docente importante? Porque si lo son deben utilizarse de forma completa y correcta, tanto por el alumno como por el profesor y, si no lo son, si se trata de meras excusas para mandar hacer algo porque lo exige Bolonia, pues dejemos de marear a los alumnos y a la perdiz y busquemos otro entretenimiento más divertido para todos… ¿o no?.

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Sobre el Autor

Francisco Javier de la Ballina Ballina

Profesor de la Universidad de Oviedo desde septiembre del año 1989. Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Oviedo (1993). Desde el año 1994 es Profesor Titular de Comercialización e Investigación de Mercados. Ha sido Director General de Comercio y Turismo del Gobierno del Principado de Asturias y tiene experiencia profesional como Director General de la Cámara Oficial de Industria, Comercio y Navegación de Gijón.

 


Un Comentario

  • Austríaco

    ¡Gran artículo Profesor! Una gran verdad, alumnos chiflados, revolucionados y estrenados en estos meses de octubre y noviembre, y realmente ¿para qué? Missing total. Bolonia, o su aplicación, un fracaso.
    Un saludo.

    • 25 noviembre, 2014, 23:39:32

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