02

Mar

2015

Prestige

“Ya solo salen hilillos”, llegó a decir un Vicepresidente del Gobierno de España mientras las playas de Galicia se llenaban del “chapapote” del Petrolero Prestige… Pues algo así es aplicable al prestigio de la Universidad española. Ya solo quedan unos pocos restos de prestigio universitario, pobremente repartidos entre algunas de las universidades, en forma de profesionales y/o investigadores de prestigio. Mientras tanto, las facultades se llenan de estudiantes por miles y de profesores por cientos fuertemente cargados de la más absoluta mediocridad, profesional o investigadora, que tanto monta. Hace años, no tantos, uno se encontraba en las tarimas de las aulas universitarias a profesores como Álvaro Cuervo, Juan Velarde, García Delgado, Gonzalo Anes,  De Miguel… en la Facultad de Económicas de la Universidad, o a Ramón Tamames, Jose Luis Leal, Enrique Fuentes Quintana, Vicente Salas, Fabián Estape, Pedro Schwartz…, en otras facultades de Economía españolas. Todo ellos eran catedráticos de los de verdad. Aquellos cuyo nombre te empujaba al aula, a enfocar bien los ojos, alinear las orejas y quedarte con la boca abierta. Eso era prestigio, del mismo que, seguramente, uno encontraba en otras facultades. En Derecho es bien conocida la “Escuela de Oviedo” de Derecho Internacional de Julio González Campos y de Derecho Constitucional de Ignacio Otto. Y en Medicina la denominada “Generación Princeps” con Lopez Arranz, Manuel Crespo, Jorge Barreiro o el catedrático en oftalmología Luis Fernández-Vega. Tambien de Gustavo Bueno, Amelia Varcacel y Vidal Peña en la Facultad de Filosofía de Oviedo, y de Jose A. Martínez Álvarez en Geología, y Emilio Alarcos en Filología, José Barluenga en Químicas…

La Universidad española de larga historia y gran prestigio. El prestigio de los verdaderos maestros, de los “poppers” como se diría en las universidades norteamericanas. Hoy ya solo quedan algunos “hilillos” de ese prestigio. Carlos López Otín en Bioquímica, Paz Andrés en Derecho Internacional, Marino Pérez de Psicología, Alfredo Sanz Medel en Química y pocos más como referentes de prestigio (que no es lo mismo que con sexenios ni con cargos). Muy al contrario, la Universidad de Oviedo, y española, está atestada de catedráticos por todas partes, numerarios y acreditados. Ya uno no sabe ni quien es y quien no es catedrático, y debe presumir, ante la mas mínima duda, que si lo es, no vaya a ser que, probablemente, metas la pata y eso j…. que ni te cuento. Tienen el documento de catedráticos, cobran como catedráticos, pero no son como aquellos de antes, solo son números. Hay una prueba de algodón que nunca engaña: ni siquiera tienen ayudantes ni dirigen grupos de investigación. En la gran mayoría de los casos, ellos mismos son simples números en un equipo. En muy pocos años, casi los mismos que el “boom” económico español, se han convocado a cientos las plazas de catedráticos, todos han promocionado a costa de acelerar su papel en congresos y en revistas académicas. Estamos llenos de jefes y vacíos de referentes, llenos de mediocridad y vacíos de prestigio. Ya nada es lo que era, ya solo quedan hilillos…. Aquellos catedráticos de antes participaban en los consejos de administración del Banco Herrero, del Banco de Asturias, en La Caixa, BBVA, en los Colegios de Economistas, cargos en el Ministerio de Economía, con Clínicas Privadas propias como la de Fernández-Vega, colaborando en Buffetes de prestigio y también propios como Aurelio Menéndez y Rodrigo Uría…. auténticos profesionales, practicantes y conocedores de sus realidades profesionales en Economía, Medicina, Derecho…

Muchos de los catedráticos de ahora ni siquiera conocen la calle y la profesión. Sus trabajos y publicaciones se han desarrollado con fondos públicos (del Gobierno asturiano, del Plan nacional de I+D+i), sin ni siquiera divulgación fuera del ámbito académico. Son solo profesores, exclusivamente profesores, ni tan siquiera profesionales… ya solo quedan hilillos…. El prestigio se ha ido y se sigue yendo al garete, poco a poco, día a día, pero de forma continuada y sin parar. La cantidad ha ido matando poco a poco la calidad. Y este camino es altamente peligroso. Como bien señalaba hace pocos unos días un informe del Gobierno, bien explicado en el diario El País, el loco camino de las publicaciones en revistas de investigación (oséase los JCR’s para sexenios y ser catedráticos) ha tenido un efecto indirecto malicioso, cargándose el prestigio de las universidades españolas, en términos académicos pero sobre todo en términos profesionales. Nuestra Universidad carece de docentes profesionales de reconocido prestigio porque se ha centrado en catedráticos numéricos. Es más, nuestra Universidad carece de docentes, porque se las han exigido publicaciones. Y eso se paga en el atractivo de nuestra Universidad, en la calidad y empleabilidad de sus graduados… y definitivamente en nuestra posición en los rankings universitarios internacionales, donde el prestigio de sus profesores y alumnos es mucho más que principal.

Aún quedan hilillos… decía el hoy Presidente del Gobierno de España al hablar del Prestige, ¡ya ves!

Compartir esto:

Sobre el Autor

Francisco Javier de la Ballina Ballina

Profesor de la Universidad de Oviedo desde septiembre del año 1989. Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Oviedo (1993). Desde el año 1994 es Profesor Titular de Comercialización e Investigación de Mercados. Ha sido Director General de Comercio y Turismo del Gobierno del Principado de Asturias y tiene experiencia profesional como Director General de la Cámara Oficial de Industria, Comercio y Navegación de Gijón.

 


5 Comentarios

  • Ernesto

    Querido Javier, no estoy de acuerdo contigo. ¿Qué medios tenían los catedráticos de antes y qué medios hay ahora? A pesar de su carestia su prestigio era muy grande no sólo dentro de nuestro país.

    • 10 abril, 2015, 21:37:55
  • xavier gimenez

    Javier, entiendo el fondo de tu comentario, pero discrepo de algunos puntos.

    Es cierto que muchos catedráticos lo son sin ser referentes. Se han limitado a cumplir con los requisitos estadísticos, a base de publicaciones de relleno, sin aportar ese punto de innovación de la que la Universidad DEBE ser el verdadero referente.

    Es cierto que continuan existiendo puntos débiles en nuestro sistema Universitario, puesto que en demasiados casos las endebleces profesionales de muchos profesores se llegan a transmitir al alumnado.

    Pero discrepo, en cambio, sobre la comparación con el catedrático tradicional, el que nos enseño a nosotros en nuestra juventud.

    El prestigio de aquel profesorado se asentaba en dos cosas. Primero, la endeblez extrema de nuestra universidad en aquellas décadas, que hacía que unos pocos profesionales destacaran rápidamente. Segundo, que nosotros mismos éramos muy jóvenes, y veíamos el profesor con experiencia de un modo muy distinto a como lo vemos hoy. Por tanto, en nuestro análisis del “prestigio” hay una buena dosis de subjetividad que conviene tener muy presente.

    Ese profesorado del que enumeramos con facilidad los nombres, no tenía apenas proyección internacional. Esto llevo muchos años comprobándolo. Su nivel de innovación era nulo o escaso, aunque su conocimiento enciclopédico de su especialidad sí que era relevante.

    En cambio, hoy tenemos buenos profesores, muchos más, anónimos, con contribuciones en investigación mucho más relevantes que las de antaño, y por tanto una mayor capacidad de innovación.

    No tienen prestigio, cierto, pero ello es más una cuestión de notoriedad social, en la que los medios de comunicación juegan un papel fundamental, y más en esta época en la que las redes sociales inundan el día a día.

    Recordemos que, en cambio, el prestigio de los antiguos catedráticos se basaba en una época en la que la información circulaba mucho menos, y en la que los poderes “fácticos” jugaban un papel… por exclusión del resto de la ciudadanía.

    He vivido tres años en el extranjero, con estancias en universidades italianas, francesas y americanas. Sobre todo en éstas últimas, os puedo garantizar que el prestigio de los académicos españoles es infinitamente superior que antaño… solo que circunscrito a los círculos especializados, por supuesto.

    Aunque es cierto que hay catedráticos que, como he dicho más arriba, lo son por cumplir los mínimos requisitos, sin poseer la esencia innovadora que necesita nuestra universidad, también es cierto que aquéllos que la poseen lo son mucho mejores que antaño, y de esos también hay muchos. Afortunadamente, hoy podemos medirlo a partir de las publicaciones de prestigio (y con eso no me refiero al índice de impacto!!!).

    ¿Qué debemos hacer? Seguir en esta línea, perseguir la excelencia con nuestro trabajo diario, y denunciar los defectos del sistema, que permiten medrar a los mediocres. Tarde o temprano diseñaremos filtros mejores, que selecionen a los verdaderos buenos profesionales.

    Un abrazo,

    Xavier

    P.D. Verás que no he hablado de si un profesor debe conocer o no el ámbito profesional. En mi opinión, es muy bueno que lo conozca, pero no es imprescindible que haya trabajado en él, siempre y cuando su capacidad de innovación lo justifique…

    • 8 marzo, 2015, 17:44:04
  • Carlos

    No estoy de acuerdo Moret, en que la Universidad sea el reflejo de la sociedad, principalmente porque el campo universitario siempre ha estado un paso por delante o debería de estarlo, frente a la sociedad, si lo que pretendemos es avanzar. Por ejemplo, todo el movimiento que ahora está surgiendo en el panorama político nacional viene determinado por la creación de un partido político, en concreto, que nace en la Universidad, de hecho, considero que más que la universidad sea el reflejo de la sociedad, la sociedad futura será el reflejo de lo que hoy es la universidad, pues se presupone que las personas que salen de la universidad deberían de ser las más preparadas del país, no sólo intelectualmente.

    Regresando al tema, creo que has realizado un análisis estupendo y debo decir que, personalmente, como estudiante, siempre me ha parecido muy atractivo el docente que también es referente y, es el tipo de docente con el siempre he aprendido más, porque, habitualmente es el mercado “real” el que te cataloga como referente.

    • 8 marzo, 2015, 16:08:50
  • Francisco Javier de la Ballina Ballina

    me ha gustado eso de “Catedraticos con dos bemoles”, si señor¡¡¡¡

    • 3 marzo, 2015, 10:42:58
  • vicente moret bonillo

    Lamento no estar del todo de acuerdo contigo, aunque creo que en parte tienes razón. A mí, en Santiago de Compostela, me dieron clase Don Julio Casado Linarejos -Doctor Honoris Causa por varias universidades, y colaborador de Bohr hijo (Nobel de Química), Don Luis Castedo, Honoris Causa, Don Francisco Bermejo, Don Lisardo Núñez -creador de un dato estándar de la IUPAC-… podría seguir. Efectivamente, y en eso estoy de acuerdo contigo, eran catedráticos con dos bemoles. Pero en lo que no estoy de acuerdo contigo es en que la situación sea de la Universidad. La Universidad es el reflejo de la Sociedad. Yo conocí personalmente a Peces Barba, fui Vicerrector Adjunto con Meilán…. Vayamos al Parlamento, que nos representa a todos… ¿Qué tienen que ver los discursos de Suárez, Carrillo, Fraga, González, Guerra, Roca, etc… con la miseria intelectual del Parlamento actual?

    Un abrazo. Moret.

    • 2 marzo, 2015, 22:17:25

Deja un comentario